El Autor

Álvaro J. Vizcaíno

Álvaro J. Vizcaíno (Sevilla, marzo de 1975), casado y padre de dos hijas, es ingeniero industrial y vive y ejerce en Almería. 

A finales de 2012, decide comenzar a escribir su primera novela que, como podrán comprobar si se adentran en ella, está repleta de guiños e influencias de su carrera:

"Entonces añoró sus días universitarios y le vino a la memoria aquella clase magistral de la carrera entre Aquiles y la tortuga en la que la mentira se cebaba con la ingenuidad. ¿Cómo podría alcanzarla Aquiles, aun caminando doce veces más rápido, si en el tiempo que tardaba en recorrer el espacio que las separaba, la tortuga habría de recorrer otro tanto dejando nuevamente tierra de por medio? Así era, en realidad, la “verdad”, huidiza, inalcanzable y mentirosa; se dejaba ver y acariciar pero, a las primeras de cambio, dejaba las esperanzas quebradas… como soñaba él con ver los huesos del indeseable asesino…".

Sin embargo, siendo como es una novela escrita bien comenzado el siglo XXI, no podemos obviar que Álvaro Vizcaíno bebe de las fuentes del realismo: Dickens, Flaubert, Dostoyevski, Tolstoi, Galdós por citar algunos o, como no, Cervantes.  

La tradición literaria decimonónica se injerta en unas técnicas narrativas más actuales y ágiles que hacen florecer un texto en el que las descripciones de lugares y de personas son abundantes pero tremendamente útiles a la par que enriquecedoras.  No se trata de un novelón con teorización filosófica ni un tratado ético y moral novelado, pero sí es justo advertir que no es este un puerto para turisteo de verano, sino más bien para sentir y apreciar, para dejarse cuestionar acompañando a cada personaje en esa cotidianeidad sobresaltada y puesta a prueba de Seré tus ojos. 

DISCURSO DE PRESENTACIÓN EN EL MUSEO DE ALMERÍA

19 de septiembre de 2015

Señoras y señores, familiares y amigos: Con profundo agradecimiento al Sr. D. Arturo del Pino, por darme la oportunidad de hacer de este Museo de Almería, durante unas horas, mi casa...  También, con una inconmensurable gratitud hacia todos los aquí presentes por regalarme su tiempo para acompañarme en este día tan importante para mí, a Rafaela Ortega, concejala de cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Ohanes, amigos periodistas de la Voz y del Diario de Almería, a D. José Antonio Fuentes de Canal Sur por su inestimable apoyo, a todos los que me han ayudado, corregido y aconsejado durante el largo proceso que nos ha traído hasta aquí, a mis tíos y familiares por su constante ayuda, a mi esposa por soportar en soledad mis desvelos, a mi amigo Rafael Quintana por su magnífica labor y por sus preciadas aportaciones y, muy especialmente, a mis padres, por apoyarme y procurarme lo necesario para convertirlo en una realidad. Gracias, a todos, de corazón. 

Escribió Rubén Darío:

Mas toda obra del Creador
Lleva sobre sí una carga;
El mar, viento agotador;
La mente, su duda amarga;
El corazón, su dolor. 

Permitidme, en primer lugar, que me remita al sentir que me llevara, un día del año 2012, a la osadía de sentarme frente a una hoja en blanco.

Azotaba por aquel entonces una grave crisis económica. La consecuencia para mí (como para otros muchos jóvenes) fue el desánimo, la sensación de inseguridad por la falta de trabajo y por las escasas perspectivas de futuro…

Yo me evadía en la lectura pero no lograba sentir lo que leía en algunos libros:

Whitman escribió: 

Muero con los que agonizan y nazco con el bebé recién lavado. Y no quepo entre mi sombrero y mis zapatos.
Y escruto diversos objetos: no hay dos iguales y cada uno es bueno. Buena la tierra y buenas las estrellas y bueno cuanto va con ellas.

Me parecía algo maravilloso… pero no me identificaba… me identificaba más con la canción “celestial” de Stevenson:

Señor, si alguna vez he vacilado 
En mi tarea de felicidad;
O si acaso he vivido entre los míos
Sin despertarme con semblante alegre;

Si el brillo de unos ojos muy felices no llegó a conmoverme; 
si los cielos al alba, o bien los libros, la comida y la lluvia de estío, inútilmente llamaron a mi adusto corazón…

Oh, Dios, con tu placer más afilado
Apuñala mi alma, y que despierte. 
O si, Señor, soy tan endurecido, 
Elige Tú para que el alma viva 
el dolor más atroz, un pecado que mate, 
y llena así mi muerto corazón.

Nos decía un conferenciante en una charla a la que asistí. 

Imagínense, nos propuso a los asistentes, que yo les ofreciera un maletín donde pudieran guardar todos sus problemas. 

Imagínense que hubieran metido en él todas sus preocupaciones y lo cerraran. Colóquenlo junto a ustedes y cierren los ojos. 

Ábranlos ahora, nos dijo. 

He cambiado todos los maletines de lugar. No saben a quién pertenece el que tienen a su lado. Pueden cogerlo o pueden dejarlo y salir con los problemas que traían

¿Qué harán?

Lo hablé con los amigos que me acompañaban al acabar la conferencia… Nadie dudó ni un instante. Todos optamos por salir con nuestro propio maletín. 

No lo entendía. Si la vida nos obligaba a llevar un maletín… si no está en nuestra mano desprendernos de las cargas que nos oprimen ¿por qué me quejaba tanto? ¿Por qué no intentar convivir con ellas?

Los seres humanos tendemos a ser conformistas, resignados, apáticos… y poco a poco nos desesperamos, como enrolados en un barco, que está siendo atraído lentamente por un remolino que da vueltas y vueltas en la picada mar.

Nos dejamos llevar por la vida, como el riachuelo que desciende la montaña sin mayor afán que el de redondear el contorno de las rocas que lo confinan y nos encerramos en la coraza impenetrable de la soledad...

...en nuestro egoísmo.

Pero la auténtica valentía está en levantarse cada día, en sacarle una sonrisa a quién ha perdido la esperanza, en no tenerle miedo a la caída sino al no intentarlo… la auténtica valentía está en querer cada día más a los tuyos…

¡Usemos más nuestro corazón!… Alentemos con nuestro corazón el amor y huyamos cuanto podamos de la soledad… Alegrémonos y contagiemos nuestra alegría porque como escribió Dostoyevski:

“Pasarán aún algunos años, y entonces vendrá la espantosa soledad, vendrá con sus muletas la vejez temblona, trayendo consigo la tristeza y el dolor. Perderá sus colores tu fantástico mundo, se mustiarán y morirán tus sueños, y cual la amarilla hoja del árbol, asimismo se desprenderán de ti…”

Ahora bien, ya tenía la predisposición y estaba envalentonado

… Debía escribir algo sobre el amor,  tenía que escribir algo sobre la esperanza, sobre la fe… tenía un bolígrafo y tenía un papel en blanco…

Lo tenía todo… para empezar pero… 

¿Cómo transmitirlo? ¿Cómo llegaba la inspiración?

Al poco descubrí que no era tan sencillo.  

Rubén Darío, otra vez, lo describió a la perfección:

No es poeta el vil histrión
Que abriga mal corazón;
Y no es poeta el villano
Y adulador cortesano 
Que se convierte en bufón.


No es poeta el envidioso
Que osa atacar al coloso, 
Y con su aliento envenena,
Y se retuerce furioso
Al mirar la gloria ajena

No es vate el que no se inflama
En la patriótica llama;
No es poeta el que hace alarde
De rastrero y de cobarde;
No es poeta el que no ama.

Durante más de dos años, cada noche casi sin excepción, escribía buscando en lo más profundo de mi corazón recuerdos que habían permanecido olvidados desde mi niñez. Recordé que para alcanzar los sueños primero había que creer en ellos. Me convencí de que todos somos especiales y únicos y que para correr primero habría de caminar… y para caminar; de caerme y levantarme. Recuperé de mi memoria el pasado del que había sido uno de los tiempos más felices de mi vida. Así, noche tras noche, recordé aquella época en la que éramos traviesos y soñadores, intrépidos, atrevidos y valientes; en la que no teníamos miedo a enamorarnos o al qué dirán, a fracasar o a hacer el ridículo… una época en la que éramos libres, sinceros y nobles... 

Nos es fácil abrir el corazón. Todos arrastramos un dolor… una carga… 

Seré tus ojos” pretende ser un canto a la fe, a la esperanza… es preciso amar y creer que no sólo vivimos hoy en este pedacito de tierra sino que seguiremos viviendo eternamente en el más allá...

Con ese deseo, con ese anhelo me dispuse a escribir. Ojalá alcance a cumplir su objetivo aunque sea tan solo un ápice. Ojalá sirva para llenar de amor algún corazón, avivar alguna esperanza, calmar algún dolor…

Muchas Gracias.